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domingo, septiembre 27

Otoño.

Aveces, en otoño con mayor asiduidad, suben por tus piernas y bajan por tu garganta acomodándose en tu estómago, montando allí su vida yendo de acá para allá, sin parar, haciendo sus propios planes sin dejar de inquietarte, sin tenerte en cuenta, a tu margen, reproduciéndose, relacionándose entre sí, sin tí, con entera libertad y, mientras te dejan seguir sintiéndote vivo les estás agradecido, es buena señal.

Y con fuerza muerdes y respiras cada ciclo como si el último fuera,
y el sabor de cada trago te sabe a néctar regalado por los dioses.
Pero es humo, humo entre los dientes lo que atesoras, como si fuera el último cigarrillo.

Es el futuro,
ese que las hormigas que tu seno alberga y recorren se encargan de recordarte que aún sigues ahí, esas que, a veces, sigilosamente, suben por tus piernas y, bajando por tu garganta se acomodan en tu interior en otoño, con mayor asiduidad.

 
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