C
onfidencia de una mujer de avanzada edad recordando, en relajada conversación:“Él era el hombre más guapo, más apuesto, elegante y mejor plantado del lugar. En cualquier lugar, ya sabe, siempre habrá algún hombre notoriamente más deseable que los demás.
Y él lo era.
Pasados 30 años era el hombre más feo, desaseado, peor encarado y seboso del lugar. En cualquier lugar, ya sabe, siempre habrá algún hombre notoriamente más repulsivo que los demás.
Y él lo era.
Se llamaba, creo recordar, Enrique, y ambos nos conocíamos de vista desde cuando él era el hombre más sobresaliente de cualquier lugar donde acudiera y yo una mujer "de bandera" de la que no retiraba su mirada y a la que no se atrevía a abordar, hasta cuando era el más sobresaliente hombre a evitar y yo, descaradamente y más que nadie evitaba.
Jamás cruzamos palabra alguna hasta que un día, años después, coincidimos en una cola para cobrar la jubilación y, oh!!!, no reconociéndome ni de cerca ni de lejos me pidió, como si se tratara de cualquiera, que por favor le ayudara a rellenar el impreso de rigor no pudiéndolo hacer yo a causa de mi galopante ceguera y no poder prescindir del bastón...
... y desde entonces hasta el día de hoy, me puede usted creer, cada vez que me asomo al espejo, no aparezco en él yo sola, aparecemos los dos".

onfidencia de una mujer de avanzada edad recordando, en relajada conversación:“Él era el hombre más guapo, más apuesto, elegante y mejor plantado del lugar. En cualquier lugar, ya sabe, siempre habrá algún hombre notoriamente más deseable que los demás.
Y él lo era.
Pasados 30 años era el hombre más feo, desaseado, peor encarado y seboso del lugar. En cualquier lugar, ya sabe, siempre habrá algún hombre notoriamente más repulsivo que los demás.
Y él lo era.
Se llamaba, creo recordar, Enrique, y ambos nos conocíamos de vista desde cuando él era el hombre más sobresaliente de cualquier lugar donde acudiera y yo una mujer "de bandera" de la que no retiraba su mirada y a la que no se atrevía a abordar, hasta cuando era el más sobresaliente hombre a evitar y yo, descaradamente y más que nadie evitaba.
Jamás cruzamos palabra alguna hasta que un día, años después, coincidimos en una cola para cobrar la jubilación y, oh!!!, no reconociéndome ni de cerca ni de lejos me pidió, como si se tratara de cualquiera, que por favor le ayudara a rellenar el impreso de rigor no pudiéndolo hacer yo a causa de mi galopante ceguera y no poder prescindir del bastón...
... y desde entonces hasta el día de hoy, me puede usted creer, cada vez que me asomo al espejo, no aparezco en él yo sola, aparecemos los dos".

FIN FINITO














14 comentarios:
A la vejez yo creo que no interesan tanto guapuras ni buenos portes como comprensión y humanidad. Es una lástima que durante 70 años estemos despreciando, o poniendo en último lugar de la lista, esos sentimientos
No te creas Miguel, por ejemplo,
mi abuela, que murió con 92 años, desde unos años antes nos solía contar historias reales de su niñez y juventud.
Incluso, te puedo decir que nos extrañaba que una mujer tan dura, reservada y rígida como ella había sido toda la vida abundara en detalles sobre cosillas de amores que mi madre, por supuesto, cortaba de plano, y por ella precisamante los nietos nos llegamos a enterar de cosas familiares secretas que de otra manera, por la naturaleza de las mismas, jamás hubiéramos sabido.
Y no tenía demencia senil, se encontraba en su sano juicio, sencillamente era cosa, según pudimos comprobar, de cierto nivel de desinhibición, eso sí, por razón de edad.
Un beso.
El tiempo nos pide una revisión de todos nuestros prejuicios periódicamente. A los relativos a la belleza también les toca su turno.
Besos.
¡Ja, ja, ja!
Diría que ese vino se agrió, pero no siempre es igual: hay quien dice que a la vejez, viruelas, y hay quien paga sumas astronómicas por un buen vino añejo.... :-)
Besos.
Esto tan crudo que nos cuentas es parte de la vida que tenemos que virir. Aunque no nos guste puede ser así.
No tenemos porque agobiarnos, creo yo, tenemos que vivir, con todo lo que eso significa, bueno, menos bueno y malo.
John W.
Pero entiendo que nada tiene que ver con la vejez, más bien con la decadencia de ambos, vamos, he conocido a hombres y mujeres extremadamente atractivos/as a los setenta, con mentes igualmente lúcidas y seductoras. La belleza en tan evidente y aburrida…
Si es que el tiempo y las emociones no pasan en vano ( para nadie ).Muchas gracias por la visita a mi blog.
Si es que con la llegada de la casi ceguera los defectos no se ven y eso es lo que ganamos (sonrío), porque no se ven ni los de otros ni los nuestros, o esto o es que de verdad cambiamos al envejecer y eso no acabo de creermelo.
Un abrazo
Miro al espejo, ya no miro las arrugas, prefiero llamarle marcas del carácter.
El calendario y la belleza son pasajeros que desmontan en la estación del tiempo.
Besitos,
Conclusión:
Vive y ríete, al final, te mueres.
"Aunque no existiera el divorcio, el matrimonio siempre acaba mal: uno de los conyuges muere. Incluso, más tarde, también muere el otro." (jaume Perich)
¿carpe diem?
Sí que hace su trabajo el tiempo: a destajo y sin piedad (aunque algunos, todo hay que decirlo, le ayudamos bastante a acelerar la tarea -en lo que al deterioro físico se refiere, claro-). Me ha gustado, compa Susy, el relato: sintético y paradójico, para dar de pensar un poquito (que nunca está de más, aunque no haya mucho tiempo...).
Un fuerte abrazo y buena semana.
Siempre he pensado que nada es fijo, que todo está en perpetuo movimiento, y que hay momentos para todo. Para contar, descontar, inhibirse o no, dolerse o renacer.
Arrugas, cicatrices, palabras, experimentaciones, amor y desamores forman parte a veces de un mismo día o de toda una vida. Según para quien, según por qué.
No sé si cambiamos o no, pero que hoy no somos ya los que fuimos ayer ni los que seremos mañana, de eso siempre estuve segura.
Cada día es una aventura, y así imagino que hay que vivirla, pelearla o deprimirla según cada quien.
Mejor dejarse llevar a cualquier edad.
Besos, Susy.
Hola Susy, el amor a cada edad tiene su etapa, pero haber conocido la belleza de tu pareja y no haber disfrutado de ella es algo frustrante, ¿no crees? ¿O no te ha pasado preguntarte por qué no habrías empezado a salir con tu pareja unos años antes, en "la hora del esplendor en la hierba"? Sí, me ha venido a la cabeza el fabuloso poema de Wordsworth que inspiró una no menos fabulosa película:
"Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello, que me deslumbraba.
Aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no hay que afligirse.
Porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo..."
Ya ves, supongo que la anciana de tu relato le amará también con el recuerdo.
Un beso
Te creo, Susy. Yo, cuando me asomo al espejo a diario, continuo viendo los mismos fantasmas que me persiguen desde siempre.
Sugerente relato. Da mucho para pensar.
Besos.
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Tu criterio personal me interesa, gracias!!!